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El tratamiento del cáncer de mama se basa en dos grandes pilares: los tratamientos locales y los tratamientos sistémicos. Mientras que los tratamientos locales actúan sobre el tumor en la mama y la axila, los sistémicos tienen la capacidad de tratar la enfermedad en todo el organismo.
El Dr. René Landó, oncólogo clínico, explica que los tratamientos sistémicos incluyen la quimioterapia, la hormonoterapia, los agentes biológicos, las terapias dirigidas y la inmunoterapia, cada uno con indicaciones específicas según el tipo de tumor.
La principal diferencia entre ambos enfoques radica en su alcance. Mientras los tratamientos locales se enfocan en la enfermedad localizada, los sistémicos circulan por el cuerpo y pueden actuar sobre células cancerosas presentes en distintas partes del organismo.
El objetivo de las terapias sistémicas es lograr la erradicación de la enfermedad tanto en su forma localizada como a distancia. Esto permite tratar no solo el tumor visible, sino también posibles células tumorales microscópicas.
Estos tratamientos pueden administrarse en distintas etapas del proceso. En algunos casos, se utilizan antes de la cirugía (tratamiento neoadyuvante) para reducir el tamaño del tumor y facilitar su extirpación.
También pueden indicarse después de la cirugía como tratamiento preventivo, con el objetivo de disminuir el riesgo de recaída y evitar que la enfermedad reaparezca en otras partes del cuerpo.
En situaciones donde el cáncer se ha diseminado (metástasis), los tratamientos sistémicos buscan controlar la enfermedad, mejorar la calidad de vida y prolongar la supervivencia del paciente.
En cuanto a los efectos secundarios, estos varían según el tipo de tratamiento. La quimioterapia, por ejemplo, puede generar caída del cabello, náuseas, fatiga y alteraciones en las células sanguíneas, aunque actualmente estos efectos pueden ser controlados en la mayoría de los casos.
Las terapias hormonales suelen presentar efectos más leves, como dolores articulares o cambios en el estado de ánimo, mientras que las terapias dirigidas y los agentes biológicos suelen ser mejor tolerados y con menor impacto general.
El tratamiento del cáncer de mama requiere un enfoque multidisciplinario que contemple no solo el aspecto médico, sino también el bienestar psicológico, social y emocional del paciente.
Gracias a los avances en medicina, el cáncer de mama detectado a tiempo es altamente tratable, permitiendo a muchas pacientes llevar una vida plena durante y después del tratamiento.